domingo, 24 de octubre de 2010

Capítulo 2 POV Adrik

CAPÍTULO 2


Aún no podía terminar de digerir mi suerte de mierda.
El día de ayer por más que intentaba buscar un tiempo a solas para pensar, relajarme o algo parecido, terminaba por toparme a mi odioso hermano y a Hatzive. Cuando fue hora de dormir me topé con la gran sorpresa que el señor Ilan dormía plácidamente en una de las recámaras y la chica en otra y yo… en una pequeña sala de estar que contaba con apenas un pequeño sillón que me sirvió de cama.
Y que decir del caos en que encontré mi pequeña maleta con ropa que había dejado en el coche. ¿Acaso mis calzoncillos eran prendas tan geniales que terminaron por llevárselos?
Hecho una furia me duché, me vestí y desayuné. Mi ánimo lejos estaba de estar mejor cuando tocaron a la puerta y un chico entró por ella como alma que lleva el diablo. El chico era alto, pasado de peso y muy, muy desagradable. Me valieron un par de golpes en el rostro para poder llegar a esa conclusión sin miramientos.
Era desagradable escucharlo decirme mariquita… me valía un bledo que le dijera así a Ilan pero a mí no; era desagradable verlo ir y venir comiendo como si se le fuera la vida en ello, ver que me dirigía miradas cargadas de burla y haciendo gestos cariñosos con el dedo corazón, y lo que era más desagradable aún… no contestarle y darle unos buenos puñetazos por cabrón.
Ese chico se estaba convirtiendo en un verdadero dolor de cabeza, perdí la cuenta de las veces que conté hasta diez para intentar calmarme. Me sobé las sienes esperando que por algún motivo mágico el imbécil aquel dejara de joder el alma. Ilan se veía en la misma situación que yo, era sorprendente como mi hermano se había contenido tanto, parecía que estaba a punto de explotar cuando el ángel del día apareció tras entrar por la puerta principal.

-Adrik, Ilan… no se preocupen, es mi primo Gorka…

Bien, había dicho que Hatzive era el ángel del día, pero creo que cambio de opinión ahora que sé que este bastardo con forma de balón era su primo.

- ¡Gorda! Te queda a la perfección, amigo – resoplé con desdén, al chico se le tiñó de carmín su regordeta cara.

- Es Gorka, imbécil – soltó escupiéndome migajas del pan que se estaba comiendo.

Me limpié la cara con la manga de mi suéter.

- Para mí eres Gorda, ¿entendido? – hizo amago de meterme otro puñetazo en el rostro cuando tomé parte de su pan y se lo metí a la boca – Ponte a tragar, tu estómago necesita mantenimiento.

El chico rugió y escupió el pan.

- ¡Gorka, basta! – dijo Hatzive con el ceño fruncido, se dirigió a mí – Y tú, Adrik, compórtate.

- Sólo aléjalo de mí, ¿quieres? Me ha atestado un par de golpes y me ha dejado traumado con su simple presencia sobrehumana.

- Imagínate como estoy yo soportándolos a ambos – Ilan por fin había hablado.

- Ustedes dos son unas mariquitas.

- Y tú una perfecta bola, cabrón – me levanté de ahí y me dirigí a la puerta – Sé que es tu casa, Hatzive, pero en verdad espero que cuando regrese, tu primo ya no esté aquí.

Sin más, me salí de la casa. Pude escuchar la voz de la chica y de mi hermano cuando cerré la puerta tras de mí. Me dispuse a caminar sin rumbo definido. Recorrí la calle residencial en la que estaba la casa de Hatzive, crucé la calle comercial, caminé varios bloques más hasta que divisé un enorme parque en medio de varias fábricas y dos calles muy transitadas.
Bonita ubicación para poner un área verde en donde por lo general juegan los niños. Bufando me dirigí a él. Mi cabeza me zumbaba y necesitaba relajarme.
Batallé horrores para poder cruzar la avenida y no está de más decir que no faltó el conductor que se quiso pasar de listo e intentó arrollarme con una descarada sonrisa en los labios. Una piedrita más al costal de mi humor de este día.
Cuando por fin caminaba por el parque, divisé a lo lejos una solitaria banca debajo de un par de frondosos árboles.

- Perfecto – suspiré con cansancio.

Me acerqué a la banca y me senté. Eché mi cabeza hacia atrás a la vez que cerraba los ojos. Sentía como mi cabello ondeaba con el ligero viento que soplaba esta mañana. Dejé escapar un par de suspiros para relajarme y dedicarme a escuchar el movimiento de las hojas, el ruido de los coches…

- ¡Oye, eso es mío!

Levanté la cabeza y abrí los ojos de inmediato cuando escuché la voz de la niña. Enfoqué mi vista hacia el lugar de donde creía haber escuchado a la pequeña y ahí estaba. Una chiquilla que no debería de pasar los 6 años estaba forcejeando con tres niños más altos y grandes que ella.

-¡Dámela!

La niña brincaba para poder quitarle de las manos una pequeña y colorida muñeca al más grandulón de esa pandilla de abusones.

- ¡Cállate, bastarda, ahora me pertenece a mí! – ladró el niño grandulón, que supuse que sería la cabecilla del grupito.

La niña seguía brincando, intentando coger a su muñeca, rozar su vestidito rosado con sus dedos… pero el niño tomó el juguete con ambas manos y le torció la cabeza hasta arrancársela.

-¡NO! – la niña cayó de rodillas sobre el verde pasto y se puso a llorar sobre el cuerpecito de su muñequita, que el muy idiota del niño había tirado a su pies – Señorita Harris…

Sentí un tirón en el estómago al ver tan conmovedora escena. Pero me llené de rabia al ver como los tres niños entre risotadas le daban de patadas a la chiquilla.

- Toma esto, bastarda – gruñía lleno de excitación el grandulón.

Los otros dos le seguían la corriente y le atestaban de patadas una y otra vez. La niña entre sollozos se hacía ovillo en el suelo protegiéndose su pequeña cabeza con sus brazos.
Busqué desesperado con la mirada a la madre de la chiquilla pero lo único que encontré fue tres señoras platicando de lo más animadas mientras veían la atrocidad que se estaba llevando a cabo en medio del parque.
Me levanté de un tirón de la banca y me dedicaba a caminar hacia donde la pequeña estaba siendo golpeada cuando escuché que alguien me hablaba.

- Déjala, que se defienda sola – una de las señoras que había visto instantes atrás se me había acercado – Eso le pasa por idiota.

La miré estupefacto. La mujer compartía el mismo cabello pelirrojo que la pequeña, las mismas facciones… esa mujer era la madre de la chiquilla y ella tranquila disfrutando del panorama porque consideraba a su hija una idiota.

- Pero…

- Pero nada, ocúpate de tus propios asuntos, jovencito.

Me le quedé viendo un instante más antes de desviar mi vista hacia donde yacía la niña hecha un ovillo sobre el pasto. Los niños habían dejado de golpearla pero seguían postrados a su alrededor. Pude observar como los bracitos de la chiquilla estaban oscurecidos de tantos golpes, como su boca sangraba a borbotones, como toda su carita estaba llena de cortes y de tierra, su cabello revuelto como una llamarada que lamía ligeramente el verde pasto a su alrededor…
Tragué duro al no poderme mover de donde estaba parado.

- Por cierto, Señorita Harris quiere hacerte compañía – el hijo de puta le aventó con la cabeza de la muñeca a la niña y acto seguido le escupió.

Los otros chicos lo imitaron y después de escupirle se fueron de ahí muy campantes hacia los columpios del otro lado del parque.
La niña yacía inmóvil sobre el suelo, sino fuera porque se escuchaban sus débiles gemidos de dolor hubiera pensado que había muerto.
La señora que me había detenido se dirigió a su hija y la jaló del cabello hasta ponerla de pie.

- ¡Espero que estés contenta al avergonzarme de esta manera, Marian!

- Mami… - dijo entre sollozos la niña.

Gruesas lágrimas caían de los hermosos ojos azules de la niña llevándose consigo la suciedad y la sangre que se cruzaban en sus caminos. Las piernitas de la pequeña apenas la sostenían, pero la mujer seguía tirándole del cabello muy enfurecida. Le siguió diciendo de cosas terribles y la pequeña se disculpaba una y otra vez entre sollozos.
Me sentía impotente al no poder hacer nada por la chiquilla, por no haber ido a darles su merecido a los bastardos que la golpearon, por no ir en ese momento a quitársela de entre las manos a esa estúpida mujer para poder llevarla a un hospital y le atendieran sus heridas, por no haber…

¡PUM!

Un ruido sordo interrumpió mi reprimenda mental. El ruido había sido provocado por la mano de la mujer al estrellarse contra la magullada mejilla de su hija.
Estaba atónito, ensimismado, sorprendido… tanto que, cuando la señora pasó por mi lado con el pequeño cuerpo de su hija tan inanimado como el de Señorita Harris, no me había dado cuenta que yo había empezado a llorar.
Era como si el mundo hubiera dejado de girar en ese momento. Como si todo a mi alrededor se hubiera detenido en ese instante.
Me dejé caer pesadamente sobre el pasto con la mirada fija hacia enfrente. La imagen de la pequeña Marian pasaba ante mis ojos una vez tras otra mientras las lágrimas bajaban lentamente por mis mejillas.
Era la segunda vez que presenciaba actos tan terribles. Me había prometido a mi mismo que no volvería a dejar que sucediera algo similar otra vez y heme aquí, sentado en el suelo, tirando del pasto furiosamente con mis manos, llorando de rabia y de impotencia.

-Adrik, eres un maldito cobarde – me maldije en voz baja a la vez que golpeaba el suelo con ambos puños.

Ahora mismo me preguntaba… ¿Quién es más cruel y despiadado… el que cometía el acto atroz o aquel que lo presenciaba y no hacía nada para detenerlo?

Mi respuesta es que ambos son igual de malditos.

Capítulo 2: Pov Hatzive

Capítulo 2

Vamos como si estuvieran en su casa…no tenían respeto ninguno. Pensé que Adrik se comportaría de manera diferente pero al igual que Ilan se fue a mi cocina como si se dirigiese a la de su propia casa y no ha la de la casa de una chica en la que habían entrado a la fuerza… vale puede que exagere un poco.

Ilan igual, encendió la tele y se puso a verla. Refunfuñando me senté a su lado. Estuvimos viendo, en silencio, la noticia de otra “criminal”. Intercambiamos algunos sarcasmos por lo bajo y después de que terminaran de dar la noticia nos fuimos a la cocina.

Allí Adrik estaba sentando en la mesa comiendo una manzana. Ilan se puso a rebuscar en el Frigo.

-Vosotros como si estuvierais en vuestra casa.-le dije sarcásticamente,

-Que te den, nos dejaste pasar, nos cediste tu casa.-y encima tenía la cara de decir eso.

-Entrasteis a la fuerza.-le dije mientras me acercaba y le apartaba del Frigo. Me puse a mirar lo poco que tenía aunque bastante variado.

-Que más da. Déjame, tengo hambre.- diciendo esto dio un paso y por debajo de mi brazo saco pollo, mantequilla, ajo y cebolla. Se fue hacia la vitrocerámica y yo me fui a sentar junto a Adrik mientras observaba como miraba entre mis estantes.

-La olla esta en el estante de arriba pero ten cuidado y no incendies nada.-le dije intuyendo sus intenciones.

Me sonrío de tal forma que hizo que mi corazón diese un vuelco. “Idiota te sonríe por que te odia” me dijo la pequeña y aguada voz de mi conciencia.

-No creo que sea peor que tú.-miro para abajo un momento antes de ponerse a buscar la olla. Después de un rato, en el que abrió todas las puertas de los armaritos, por fin encontró la olla que casi se le cae en la cabeza.

-¿Por qué no miraste ahí como te dije?- le dije puesto que no me había hecho caso y se había puesto a buscarla al azar.

-Por que bien podrías haberme mandado a agarrar algo que me mataría.-dijo mientras cortaba el ajo. Yo enarque una ceja ante ese comentario pero decidí que era mejor ignorarle.

Estuve un rato ausente sin mirar en nada en particular pero después de un rato me percate de que hoy no me había duchado. Sin decir nada, me fui de la estancia y me dirigí al cuarto de baño.

Allí me duche, tarde como media hora, y me cambie completamente de ropa. Me peine delante del espejo un poco a la ligera.

Me quede observando mi cara un rato. Era extraño sonreía pero yo juraría que estaba seria. Sacudí la cabeza. No me iba a poner a delirar justo cuando tenía los hermanos del infierno en mi cocina haciendo solo Dios sabe que.

Cuando llegue ya estaban comiendo. Adrik con la elegancia de un pingüino e Ilan…estaba como pensativo…

-¿Por qué no me esperasteis?-coji lo que supuse que era mi ración y me puse a comer.

-Yo grite no se cuanto, que no te enteraras no fue mi problema, además el único que no te espero fue hijo de mama pingüino, yo aun no he tomado bocado.- dijo con la voz más rara que le había odio hasta entonces. Pare de comer y le mire algo preocupada.

-¿Te pasa algo?-dije con una voz que sonó maternal.¡Ag! ¿M estaba preocupando por el mayor hijo de puta que podría haber conocido?

-¡A ti que mas te da!, métete en tus asuntos.-dijo con algo más de brusquedad pero el tono raro seguía en aquellas palabras.

-Si vives aquí, todo lo que te pase es problema mío.-le dije intentando sonar razonable.

-Y una mierda a que te dejare tratarme como un cacharro desvalido.-pero como el era tan razonable como una vieja cascarrabias deje de intentar averiguar que le pasaba.

El resto de la  comida la pasmaos en silencio pero yo le miraba sin que el se enterase. Podía parecer atento a la comida pero en verdad estaba pensando en otras cosas.

Al acabar recogí la mesa y me puse a fregar los platos. Tarde muy poco en hacerlo pero aun así estaba cansada…decidí ir a mi cuarto a tumbarme un poco.

Cuan grande fue mi sorpresa al ver a Ilan sin camiseta (si, si, sin camiseta) y tumbad boca abajo en mi cama. Me puse roja tanto de vergüenza como de rabia.

-¡Idiota! ¡No quiero que estés en mi cama y mucho menos si estas sin ropa!-el levanto un poco la cabeza. Intente ocultar el rubor que me había inundado el rostro. Puede que no le aguantara pero había que reconocer que el chaval estaba bien formado.

Bueno al parecer el se dio cuenta de lo que pensaba.
-Si continuas así en dos minutos te tendré entre mis brazos.-me dijo con aquella
sonrisa de idiota. Volví a sonrojarme pero esta vez intente que pareciera de rabia.

-¡Deja de ser tan egocéntrico!-me acerque a la cama e intente que se bajara. El extrañamente me obedeció. Se levanto y se quedo enfrente de mí sonriéndome.

-Pequeña zorrilla deberías dejar de meterte en mi vida.-

-¿Meterme en tu vida? ¿Quién ah sido quien se metió en mi casa? ¿Quién fue el que…?-pero no pude decir más por que sus labios ya estaban sobre los míos. Intente separarme pero el me agarro la cabeza impidiendo cualquier escapatoria. Diría que este primer beso fue el mejor del mundo…mentiría si lo dijera ya que fue con la peor persona que conozco y un beso de lo más rudo. Pero también mentiría si dijera que no me gusto.

Se separo de mi y se tumbó en mi cara mirándome con claras intenciones de…

-Bien…eso fue…extraño.-dijo pensativo.

-Y que lo digas pensé que tendría más posibilidad de que me besara un avestruz que tu.-le dije muy sinceramente.

-Bien, los avestruces no besan tan bien como yo.-dijo con toda su prepotencia mientras se quitaba el pantalón, estaba en calzoncillos. Tragué saliva y mire a otro lado. ¡Oh Dios! Estaba buenísimo pero…

-No te me resistas al final acabaras cayendo.-no le mire cuando me hablo permanecí en la misma posición. Entonces sentí como alguien tiraba de mi brazo hasta que caí sobre la cama.

Bufó mientras se ponía encima de mí. El recorrió mi cuerpo con sus manos mientras me besaba el cuello. Vale, era una sensación agradable peor ahora no quería, no con el.

Intente safarme pero el no me dejó, al contrario, cojio mis muñecas y las sujeto fuertemente mientras me seguía atrayendo hacia si. Me beso una y otra vez pero el a mi…yo a el no.

-Por favor…no quiero…-le dije con voz lastimera.

-Que mas da, ahora si me dejas, quiero dormir.- se acostó dejándome libre y yo me quede bastante sorprendida.

Aun así no tuvo que decirlo dos veces para que me fuera. Aun después, de dar mi primer beso y de ver un pequeño síntoma de bipolaridad, me sentía cansada así que me fui al cuarto de los invitados. Era pequeño y solo tenía una cama en la que apenas cabía pero aun así me dormí.
       
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Me levanté con algo de dolor de cabeza y de cuello. Me estiré un poco antes de mirar hacia la ventana y ver que estaba recién amaneciendo… ¡Normal que me doliese la cabeza! ¿Cuánto habría dormido? ¿Veinte horas? Era barbaridad.
Me levanté de la cama, la cabeza me seguía doliendo pero intente acallar el dolor mientras iba al cuarto de baño y me lavaba la cara. Mire el espejo, todavía me acordaba de lo que había pasado ayer. Como si supiera lo que estaba pensando, mi reflejo en el espejo asintió.

Un escalofrió me recorrió la espalda y me aleje inmediatamente del espejo. ¿Qué narices habría pasado? ¿Me estaba volviendo loca? La imagen del espejo me sonrió como si supiera y disfrutara del miedo que me producía.

Salí inmediatamente del baño y decidí ir a la cocina e intentar despejarme para aclarar un poco mi mente. Desde luego estaba mal de la cabeza… ¿Cómo podía haberme imaginado a mi reflejo respondiéndome? Puede que eso me pase por lo sola que me siento… vale, quizás Ilan y Adrik serian mi compañía durante un mes, pero…menuda compañía…

La cocina estaba desierta y, no me extrañaba, por que según el reloj que estaba sobre la puerta eran las siete de la mañana… apenas acababa de amanecer…por suerte todavía estaba expulsada del instituto unos días más así que aunque me levantara muy pronto no tendría que darme prisa en prepararme como solía hacer.

Ahora que pensaba en el instituto me acorde, de que todavía no había hecho los deberes de ayer. Bueno que más me daba… si al fin y al cabo a quien puntuaban era a quienes no los hacían… que contrariedad mandar una csoa para ver quien NO la hace… El mundo estaba loco.

No tenía sueño, ni hambre, no sabía que hacer. Hacía días que no me ponía al ordenador pero, la verdad, es que conectarse a estas horas resultaría un poco de frikis. No tenía ganas de leer ningún libro de la estantería ya que cada uno me lo había leído por lo menos siete veces… debería pensar seriamente en reponerlos.

Vale, gano la opción más fácil, sencilla y friki de entretenerme a esas horas… el ordenador.

Fui a encender el router que estaba en el salón y casi corriendo subí a mi cuarto donde tenía el ordenador sobre un escritorio. No sabía por que había corrido… bueno realmente no sabía lo que era aquella sensación que me había impulsado ha hacerlo, era extraña, como si no quisiera estar mucho tiempo en las escaleras de mi propia casa.

Suspiré.

Me estaba volviendo más paranoica de lo que era y, sinceramente, no había ganas de serlo.

El ordenador ya había iniciado sesión así que, me metí a Internet. No tenía hecha ninguna cuenta de nada ya que si no tenía amigos en persona, ¿Cómo los podría tener por una red social?

Así que, sin correo ni facebook que mirar, me puse a buscar a “criminales” de la sociedad. Tenía curiosidad por saber cuanta gente había usado la cabeza en esta degradante ciudad.

Vi los casos que hacía poco que habían salido en la tele. Al hombre que, ayudo a una mujer apuntó de ser violada, le cayó un año de prisión.

Bueno no era mucho para el acto tan “cruel” que había cometido… si por supuesto y yo soy pelirroja, negra y de ojos azules.

Cansada de ver tantas tonterías decidí apagar el ordenador. Me quede inmóvil en la silla y todavía con dolor de cabeza.

Baje a la cocina a por aspirina. Estaba caducada… tendría que ir a la farmacia a eso de las nueve que era cuando abrían, así que de momento me quedaría sola en el salón hasta que abriesen.

Me eche en el sofá. “No te duerma, note duermas” me repetía ya que si me quedaba dormida, cuando me volviera a levantar, me dolería la cabeza más todavía. Así que estuve en buen rato intentando no dormirme pero fue casi imposible… casi por que no me dormí del todo, solo entre en un estado de semiinconsciencia. El cual es bastante incomodo por que cuando te despiertas del todo no sabes exactamente si tu conciencia ha oído bien las cosas en ese estado. Yo por lo general, cuando estaba con mis padres, y me quedaba así en el sofá después de levantarme les preguntaba si lo que había oído era verdad. Solían mandarme muy elegantemente a la mierda.

No se cuanto tiempo estuve hacia en el sofá cuando unas pisadas me despertaron.

-Existen las camas.-me reprendió un Adrik recién levantado. Me senté sobre el sofá mientras bostezaba y me estiraba.

-Recuerda que es MI casa.-dije recalcando la palabra mi. El simplemente se encogió de hombros y se fue a la cocina.

-¿Me podrías decir que hora es?-le dije ya que una punzada en la cabeza hizo que me acordara de las aspirinas.

-Las diez.-obtuve por respuesta. Me levante inmediatamente y me fui a mirar al espejo de la entrada. Estaba medianamente bien para salir a la calle, si no contaos con los pelos de bruja que tenía, pero aun así no tenía tampoco muchas ganas de peinarme para ir a solo una calle de la casa.

Coji las llaves y el monedero que estaba en el armario de la entrada y salí a la calle. Un sopló de aire fresco hizo que la cabeza se me asentara un poco más pero aun así, lo único que me quitaría el dolor sería una aspirina.

-La zorra apareció.-miré a la izquierda de donde venía la voz y me encontré con el rubito sentado en su coche y con una puerta abierta…y desnudo… solo con el boxes. Me puse algo roja e inmediatamente desvié la mirada.

-Y el gilipollas me habló.-fue lo único que le dije antes de dirigirme en dirección contraria.

La calle de las Residencia son era muy larga por lo que no tarde en llegar a una avenida comercial. Hoy era día de mercadillo. Ósea, hoy abría más de un robo.

Los mercadillos se hacían para robar más que para vender. Los dueños de los toldos dejaban a cargo a algún familiar suyo y se daban la vuelta por el mercadillo haber si lograban ver un puesto desprotegido para robarlo. Me preguntó si no sería más fácil que se dedicasen a vender de verdad.

Por suerte en la ciudad existían tiendas de verdad como la farmacia, lo que más deseaba ver en estos momentos. Y lo ví, la crucecita morada parpadeaba sobre un pequeño letrero.

Me metí en ella y estuve buscando por las blancas estanterías de l apequeña tienda. No tenían aspirinas así que me fui al mostrador a preguntar.

-Para zorras como tu no hay.-me respondió el farmacéutico. Hice un enorme esfuerzo para no poner los ojos en blanco.

-Ahora en serio… ¿no hay?-le pregunté de nuevo. El me negó con la cabeza y como despedida me obsequio con la vista de su dedo corazón. Incluso la gente responsable de la salud de los demás eran unos cabrones. No se como me seguía sorprendiendo, debería estar acostumbrada.

Llegué a casa pero de lo que me fui. ¿Seguro que era solo un dolor de cabeza?

Incremento mucho mi dolor cuando vi un gordito repulsivo sentado junto a mis huéspedes, los cuales parecían bastante sorprendidos.

-Adrik, Ilan… no os preocupéis es mi primo Gorka…

sábado, 23 de octubre de 2010

Medias verdades.

Entre detrás de Adrik … el muy maldito se había pasado, mientras la chica decía no se que, algo “hospitalario” supuse. Puse en las noticias y observe como los delitos continuaban. Ahora era una señora que se había “iluminado” ayudando a una joven que era golpeada. Las personas iban mal, no podías entrometerte en los actos de otros.
Entable algunas palabras con la “chica” y salí detrás de mi hermano a la cocina.
Me dirigí al frigorífico y me puse a buscar algo de comer.
- Ustedes como si estuvieran en su casa.-murmuro con una nota de sarcasmo.
- Que te den, nos dejaste pasar, nos cediste tu casa.- conteste para molestar, aunque bueno … lo que había dicho era verdad.- ¿no tienes nada de comer?
- Entraron a la fuerza.- dijo mientras me apartaba de el frigo, me aleje para no tener ni un milímetro de contacto con ella y me recargue en la mesa que tenia detrás de mi.
- Que mas da. Déjame, tengo hambre.- con esto di un paso y la aleje para sacar una porción de pollo que tenia junto con un poco de mantequilla, ajo y cebolla.
- La olla esta en el estante de arriba pero ten cuidado y no incendies nada.
Le di mala cara, lo que consistía en una sonrisa y mire mis muñecas escondidas bajo un suéter algo grande.
- No creo que sea peor que tu.- entonces me puse a buscar alguna sartén para cocer el pollo. Cuando la encontré en una repisa por poco me cae en la cabeza una de las que se encontraban allí.
-¿Por qué no miraste ahí como te dije?.
- Por que bien podrías haberme mandado a agarrar algo que me mataría.
Si mas tome un cuchillo y corte unas pequeñas rodajas de cebolla y un poco de ajo. Puse un poco de agua en la olla y prendí las estufa para cocer el pollo.
Unos minutos después puse a enfriar la olla y puse la sartén con un poco de mantequilla y otra cabecilla de ajo. Deje reposar un poco el pollo y sin mas le eche en la sartén con la mantequilla.
Fui a la alacena por unos platos y busque un poco de lechuga, tomate. Le hice unos cortes finos y acomode todo.
- Los que quieran tragar, tienen dos minutos.
Al poco rato Adrik apareció tras la puerta y me dio un zape.
A chinga, ¿cuando había adquirido esa fuerza?.
- Órale pendejo, todavía que te hice de comer.
- Cállate, y sírveme.
- Nah, sírvete, ahora a ver quien te jode en la noches cuando andas necesitado.
- Brincos dieras.
Le di por su lado y tome asiento en una silla frente al frigo.
- Y ¿Dónde esta nuestra anfitriona honoraria?
- Me vale donde este, yo quiero comer.- murmuro con la boca llena.
Con desgana empecé a picar mi pollo mientras veía la fina marca de unas quemaduras y cortadas que tenia en las muñecas. Cerré los ojos, no volvería a cometer una estupidez como esa, nunca me metería en los asuntos de otros. Fruncí el ceño al recordar esa noche con lujo de detalle … el frió de la noche, el suave susurro de el viento … lo gritos … una gran agonía en ese pequeño acto … las abrasadoras llamas que consumían la pequeña casa y el joven y suave llanto de un bebe. Esa noche en un momento de estupidez había condenado por poco la reputación de mi familia, en el fondo había tenido una punzada que no sabia como llamar … un encogimiento en el pecho, como una presión y un poco de culpa. El como la familia, un poco paranoica me había agarrado a palos por ….
- ¿Por qué no me esperaron?.- pregunto una voz sacándome de mis ensoñaciones.
- Yo grite no se cuanto, que no te enteraras no fue mi problema, además el único que no te espero fue hijo de mama pingüino, yo aun no he tomado bocado.- dije tranquilamente, sin emoción alguna.
- ¿te pasa algo?.- pregunto, puag, mama pingüino al habla.
- ¡A ti que mas te da!, métete en tus asuntos.
- Si vives aquí, todo lo que te pase es problema mío.
- Y una mierda a que te dejare tratarme como un cachorro desvalido.
No dijo mas; la comida paso en silencio, me puse a picar y dar pequeños bocados. Una ves terminamos me aleje a la sala, con Adrik pisándome los talones.
- me iré a dormir.- murmure por lo bajo, subí los escalones y vislumbre una cama al final de el corredor. Era rosa, que horror. Abrí suavemente la puerta y me tumbe en la cama mirando al techo.
Los minutos pasaban y en mi mente solo había una cosa en la que pensar: la vida. Mi vida … en un segundo era de lo mejor … en otro quería ser una mierda … cambios en todo el lugar … con un brinco me levante y cerré de un portazo. Me dirigí a la ventana y cerré las persianas. Solo quedaba la luz de la bombilla. Me quite el suéter y la playera con tal. Mire mis brazos y la blanca piel … ¿Quién creería que años atrás esta piel había estado llena de hollín por intentar hacer un “mal” dictado por la sociedad?. Hice un pequeño gesto de negatividad y me tumbe bocabajo en la cama … no quería pensar.
Estaba medio entrando en mi sueño cuando escuche la puerta abrirse
-¡Idiota! ¡No quiero que estés en mi cama y mucho menos si estas sin ropa!.- levemente alce la cabeza y vi a Hatzive con un pequeño rubor en su rostro.
- Si continuas así en dos minutos te tendré entre mis brazos.- le di una sonrisa muy a lo “cómeme” con la mirada.
Ella se acerco a la cama y se sonrojo aun mas.
- ¡Deja de ser tan egocéntrico!.- dijo mientras me intentaba quitar de su cama. Lo que pensaba en estos momentos tenia mucho que ver con tal objeto …
- Pequeña zorrilla, deja de meterte en mi vida.
-¿Meterme en tu vida? ¿Quién ah sido quien se metió en mi casa? ¿Quién fue el que…?.- esta chica era lenta, mucho. Sin preámbulos me acerque y la calle con un beso, intento separarse de mi … aunque mis manos fueron mas rápidas.
Me separe un poco le dedique una mirada de “ si quieres mas sígueme” y me tumbe en su cama.
- Bien … eso fue … extraño.
-Y que lo digas pensé que tendría más posibilidad de que me besara un avestruz que tu.
- Bien, los avestruces no besan tan bien como yo.- dije mientras me desabrochaba el pantalón y lo aventaba a quien sabe donde.- No te resistas, al final terminaras cayendo.
No dijo nada … con un bufido me enderecé y la jale a la cama tumbándome sobre ella. Recorrí sus cuerpo, mientras mi boca jugaba con su cuello. Intento escapar, pero la cojí de las manos y la continué besando.
-Por favor … no quiero ….- dijo como en un llanto.
- Que mas da, ahora si me dejas, quiero dormir.- me acosté sobre mi espalda y cubrí mi rostro con el antebrazo.
Con un sonoro portazo me quede solo en la habitación. No hice mucha fanfarria y me sumí en un sueño ligero.
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Levemente abrí mis ojos y me encontré con la luz encendida y la habitación vacía. Al principio no reconocí … solo me encontré en una habitación rosada, esto tenia que ser una pesadilla, no podía encontrarme en un lugar así. ¿Dónde estaban mis CDS?, ¿mi póster favorito?. Lentamente las imágenes de la noche pasada me asaltaron … ¡yiuk!, había besado a esa loca. Como alma que lleva el diablo corrí al aseo y me enjuague la boca. instantáneamente mi aliento paso de ser al de una mañana habitual a uno fresco de naranja.
Me rasque un poco la cabeza y me encamine a mi maleta en el auto ... Esperaba que estuviera ahí.
Al bajar los escalones me tope con una tranquilidad que jamás en mi vida había visto; sin detenerme me encamine a la calle.
El auto como supuse estaba sobre algunas piedras y sin el reproductor de música. Hice una mueca y baje la maleta. Estaba abierta pero por lo menos las pertenencias estaban intactas. Que bueno era lo grunge. Sin mas entre a la casa.
- jotito, dame ropa.- dijo adrik con los brazos cruzados sobre el pecho.
- nah, para que eres idiota y dejas toda en la casa.
- Jodete, mañana no tendrás ni madres.
- Como quieras, imagino que tus ojos estarán encantados de ver mi trasero como vino al mundo.
- Ni que quisiera quedarme ciego.- dijo antes de un golpe, nada suave, en mi brazo desnudo.
Le di un gesto con mi dedo corazón y me encamine a la cocina, tenia hambre.
Me calenté un poco de la comida de la noche pasada y me puse a comer en paz.
Una ves termine deje los trastos en el fregadero y me encamine a la habitación para tomar una ducha rápida.
Al principio el agua salio un poco fría, espere unos momentos hasta que el agua por fin salio caliente y me metí.
Algunos minutos después limpio, vestido y comido escuche como empujaban la puerta … rápidamente baje y me encontré con un Adrik noqueado y con un rellenito algo repulsivo.
- ¿Donde chingados esta la zorra de mi prima?
- Sepa la chingada … ahora si …
Ese se nos quedo mirando de forma valorativa y corte la frase algo tembloroso.
- Cállense mariquitas de mierda.- entonces se tumbo en el sofá y prendió la Tv.
Unos minutos después salí al frente y tome asiento bajo el porche, enseguida escuche unos pasos y con ello a Adrik un tanto desdeñoso.
- ¿Qué quieres pendejo?
- Joderte, ¿Qué mas?
Dicho esto tomo asiento junto a mi y escuchamos otros pasos un poco mas sofocados.
- Mariquitas, ¿Qué hacen?
No le hicimos caso y continuamos con nuestra, por primera ves encontrada, tranquilidad. Estaba a punto de mandar a la fregada al gordito desagradable cuando Hatzive, mejor conocida como zorrilla, llego.


Andréu Manel Vitam.


Mas asesinatos en serie.
Como desde hace meses ha sido señalado, mas casos de asesinatos han sido llevados acabo. Esto ha sido reportado por algunos habitantes anónimos que describieron y detallaron los cuerpos. En esta ocasión nos presentamos contra el asesinato de Amanda stevens una estudiante de diecisiete años.
Los agentes encargados de el caso, dada su experiencia, afirman que el asesinato, en esta ocasión, ha sido pasional; ya que según reportan el cuerpo fue profanado, así como acuchillado en múltiples partes de el cuerpo.

Rápidamente aleje la mirada de las noticias locales, lo que decían era grotesco, por no decir morboso. El hecho de describir en que condiciones había sido encontrado el cuerpo era exagerado, como el hecho de informar que mas chicas de esa edad habían sido encontradas; desde hacia meses los periódicos informaban lo que pasaba por los barrios bajos, no era algo relevante para mi familia, aunque fuera una persona, si era de los barrios bajos, no importaba. Como la familia mas importante de Seattle mis padres, así como mi hermano y yo, éramos los que se encargaban de financiar y procurar la solución de tales sucesos. Aunque eso no fuera algo relevante tenia que apoyarlo; mi tarea como el hijo mayor consistía en mantener la buena imagen de mi familia. En estos precisos momentos “manchaba” esa tarea con mi interés por lo que pasaba en la ciudad.
- Andréu, madre dice que es hora de cenar.
- voy en un segundo.
- Esta bien.
Sin mas el joven Ethan salio de mi habitación donde nuestra madre. Con un rápido movimiento me levante de mi silla y me acomode la corbata y la camisa de el colegio.
Me dirigí al aseo y lave las manos.
Unos minutos después me encontraba en la mesa esperando que los empleados sirvieran la comida y mi madre diera la bendición a los alimentos.
- ¿Qué tal tu día Andréu?
- Muy bien madre, en el colegio te mandaron un citatoria, al parecer quieren promoverme un año mas adelantado.
- Muy bien Andréu, espero que aceptes gustoso esa oportunidad.
- Por supuesto que si, madre.
- Muy bien, ¿Ethan, como ha sido tu día hoy?
- Maravilloso, hoy me han felicitado por mi magnifico comportamiento.
- Estupendo, era hora de que lo dijeran.
- Tienes mucha razón madre.
La comida continuo muy tranquila, con algún comentario ocasional por parte de mi madre diciendo algo sobre su día o sobre las actividades planeadas para la familia.
Después de una hora, cuando todos terminaron de comer, nos dispusimos a nuestras múltiples actividades; yo por mi parte me fui a mi habitación a hacer mis deberes.
Algunas horas después de terminar el trabajo de tecnología me dedique a hacer una pequeña investigación sobre la susodicha, Amanda stevens.
El reporte completo sobre ella decía:

Amanda stevens, estudiante de psicología en la universidad de Washington. Con diecisiete años de edad fue avistada en sus últimos momentos de vida en la parada de university way NE. Después de ello fue encontrada en las calles Revanna place northeast.
Según informan las autoridades locales el posible asesinato fue llevado acaba alrededor de las cuatro de la madrugada; ya que el cuerpo fue encontrado alrededor de las 6 de la madrugada con algunas daños ocasionados por la descomposición de el cuerpo”.

La nota en si era alarmante pero lo era mas el hecho de que sucediera en una ciudad “tranquila” y “libre de violencia”. En el reporté se informaba que, según datos de los padres, la chica estaba relacionada con algunos temas contra la drogadicción y las armas de fuego. Así que según sus teorías también podía ser esa la razón de su muerte.
Negué un poco con la cabeza y escuche un pequeño disturbio en la planta baja; dado el hecho de que mi padre estaba de viaje de negocios, mi madre en el spa y Ethan en su entrenamiento de básquetbol. Así que fui yo el que tuvo que bajar a ver que pasaba.
Una ves en la planta de abajo me encontré con una Eneka un tanto furiosa. Como hija de una familia amiga de mis padres le conocía de el colegio. Su comportamiento era reprochable, dejaba mucho que decir para su belleza y posición. A regañadientes le di una cordial sonrisa y entre abrí la puerta de entrada.
- Hola, ¿Qué tal el día?.
- Jodete, y déjame pasar.-vaya que era bien hablada.
- Por supuesto.- conteste antes de hacerme a un lado y dejar que pasara.- ¿Qué es lo que te trae por aquí?
- Necesito plata.
- con eso ¿Qué es lo que te trae por aquí?
- Quiero que me prestes algo de plata, vamos, tu nunca gastas, ¡todo te lo pagan!
- Aun así, ¿Cuánto es lo que quieres?
- Unos veinte.
- ¿Veinte dólares?
- Veinte mil.
La mire con los ojos como platos.
- ¿Estas de broma verdad?
- Si, me tome la molestia de entrar a la fuerza a tu casa para hacerte una broma.
Puse los ojos en blanco.
- Seria posible.- conteste con la voz neutra, no valía la pena pelear.- de todos modos, ¿para que los quieres?
- No tienes por que saber de mis asuntos.
- Bueno, lo siento … no tengo el dinero
- ¡Por favor!, esa es la cantidad que te dan al mes.
- Eso quisiera yo. No tengo, lo siento.
- ¡eres un bastardo!.- dijo antes de salir muy digna con un fuerte azote de la puerta.
- que vulgar.- murmure de ultimo antes de dirigirme a mi habitacion para continuar con los deberes.

martes, 21 de septiembre de 2010

Capítulo 1 POV Adrik

Continuación del capítulo uno, redactado desde el punto de vista del menor de los Mortensen, Adrik...


CAPÍTULO 1

POV ADRIK

Me encontraba recostado sobre mi cama leyendo tranquilamente una revista que había encontrado en el cubo de basura cuando me dirigía a casa después del colegio el día de ayer. “Valores Humanos” rezaba un artículo de lo más interesante que había capturado mi atención. Me preguntaba a mí mismo cómo una revista con este contenido había llegado a Ciudad Cumbre. Suspiré y dirigí mi vista hacia el bote de basura de mi habitación. Montones de revistas pornográficas que mi querida madre me había proporcionado con tanta alegría se encontraban dentro del contenedor.

– Qué irónico juego de palabras – bufé cansinamente a la vez que arrojaba la revista del mundo “lindo” que sostenía sobre mis manos hacia el otro lado de la cama.

Ni “querido” y “lindo” eran palabras que mis padres me habían inculcado, al contrario, maldiciones y groserías se habían ido acumulando en mi lenguaje cotidiano por regla de la sociedad. Sociedad que gozaba de ver cómo sus habitantes se hacían trizas entre sí.

– Y aquí vamos una vez más, Adrik – me dije, cerrando mis ojos.

Las notas rojas de la semana tanto de periódicos como noticieros de televisión se empeñaban en mostrar la otra cara de la población, la cara de ayuda y bondad humana, para alarmar y sembrar la repulsión en la sociedad “cuerda” de Ciudad Cumbre.

Desde pequeño he vivido bajo la sombra de mi hermano mayor Ilan, mis padres siempre lo han considerado un modelo a seguir, el chico que sirve de ejemplo para irte a la mierda de una forma eficaz y segura. Cuando era niño, mi hermano era mi meta a alcanzar, yo también quería el reconocimiento de mis padres, quería que me vieran como alguien que intentaba destacar por sí mismo, quería que me prestaran la misma atención sin que me hicieran de menos. Ellos habían llegado a la conclusión que la genética no había hecho un buen trabajo conmigo: era el chico lindo en toda la gama de significados de la palabra. El chico dócil, lindo, cariñoso, sensible, débil… ese era yo a la vista de la gente y… de mis padres. Por mucho tiempo recibí esos insultos todos los días y comparaciones con Ilan, de todas las maneras posibles intenté ser lo que mi familia esperaba de mí y lo logré… a medias. Mi vocabulario tenía una extensa variedad de improperios, mi forma de tratar a los demás se había vuelto arrogante, y, el punto más importante, jodía a mi hermano cada dos por tres.

Guiado por el mundo que había aprendido a soportar admito que por varios años de mi corta existencia yo llegué a apoyar y participar en revueltas por la “paz” por Ciudad Cumbre, pero un día la forma que había adquirido de ver el mundo volvió a tambalearse. Me dolía recordarlo, pero lo hacía con tanta nitidez que aún mi cuerpo se crispaba de ira.

Hace ya algunos años, mientras me dirigía a casa después de una alocada fiesta, unos gritos desgarradores me sacaron de mi ensoñación de alcohol y sexo que aún me abrumaba en ese instante. Sin dudar un segundo, corrí rumbo al callejón que está detrás de mi casa. A la luz de la única farola que se encontraba en el lugar había un par de tipos desgarrando la ropa de una chica. La muchacha no dejaba de gritar y de pedir auxilio y nadie, incluso yo, se acercaba a socorrerla. Yo en vez de tratar de ayudarla me refugié tras las sombras observando con tristeza como la chica era violada una y otra vez por ese par de bastardos. Cuando terminaron su jodida acción, la aventaron al asfalto y un par de patadas fueron a dar directo a su estómago. Los hombres huyeron con ungesto de satisfacción en sus rostros y la joven quedó tendida sobre el callejón, violada y severamente golpeada. La chica clavó sus ojos en los míos cuando me disponía a acercar a ella y yo… corrí hacia mi casa para encerrarme en mi habitación. Después de una noche tormentosa de debates internos y sueños terribles con la chica esa como protagonista, me levanté al día siguiente y prendí el televisor. La misma muchacha había aparecido en una de las notas… había muerto.

Mis manos estaban hechas puño y mi cuerpo estaba en total tensión cuando abrí los ojos. El recuerdo de esa chica aún me afectaba, tal vez yo hubiera podido hacer algo por ella pero no, el miedo a perder lo que había logrado conseguir con tanto esfuerzo me eclipsó en el momento.

– Esta ciudad apesta.

Y no sólo la ciudad, dentro de mi lista maloliente y enfermiza estaban mi propia familia y las reglas que rigen esa sociedad de mierda. Ciudad Cumbre…. Cúspide de la estupidez humana.

Estaba reuniendo toda una lista de palabras que acertaban al grano para describir a la ciudad cuando unos ruidos me llegaron provenientes de alguna parte de la casa.

– ¿Y ahora qué? – me levanté malhumorado, ¿quién demonios se atrevía a interrumpir mi tarea de despotricar a la ciudad que me vio nacer? – Ilan, por un demonio…

Y me quedé callado. Mis padres tenían una fiesta orgásmica en su habitación. Tremenda escena daba la orgía que se llevaba a cabo bajo el mismo techo que yo. Juro que quedé asqueado ante la imagen de esos enfermos.

Bajé la vista y caminé pasillo dentro intentando hacer el mínimo ruido para pasar desapercibido por el grupo que estaba en la habitación de la locura, claro, ganas no me faltaban de gritar cualquier estupidez para acallar tan grotescos sonidos.

Llegué a la habitación de Ilan, ni siquiera me preocupé en tocar a la puerta pidiendo permiso para entrar, yo me adentré y lo encontré poniéndose desodorante.

Dime, ¿qué es lo que quieres, jotito? – ¡qué lindo! Él siempre tan amable…

Sólo venía a decirte que te fueras a la mierda.

¿Sólo para eso me vienes a chingar mi día?

– Sí – respondí con un cariñoso gesto de mi dedo corazón.

Salí de su habitación hacia la mía una vez más, que linda forma de expresar “Buenas noches” a tu querido hermano. Bufé meneando la cabeza y me metí a mi cuarto para no salir durante toda la noche.

***************************

El día siguiente fue sorpresivamente extraño. Tal vez esa no era la palabra correcta para describirlo pero así me sentí yo. Después de asistir al colegio mis padres me detuvieron en cuanto crucé el marco de la puerta, alegaban tener algo muy importante que decirnos tanto a Ilan como a mí. La verdad no esperaba nada bueno viniendo de sus bocas, ilógico decirlo de esa manera ya que sólo hacían estupideces pero esta tenía que ser aún peor. No quisieron decir palabra alguna hasta que llegara el gran Ilan Mortensen a la mesa.

– Perfecto…– dije por lo bajo soltando un resoplido, mi madre se me quedó viendo en una forma bastante tenebrosa.

– ¿Algo que tengas que decir, Adrik? – sí, eres la señora del infierno…

– Sólo pensaba que hoy amaneciste de lo más jodona, Madre – le di gracias al creador por poder cubrir mis verdaderas intenciones de expresión bajo las patéticas normas de utilización de palabras groseras a modo de halagos.

Me reí amargamente en mi interior cuando un golpe me dio de lleno en la cabeza. Sí, ese tenía que ser Ilan, él y su mano del demonio. Nos hicimos de unas cuentas palabras hasta que Mamá se hizo de la palabra y nos dio la noticia: Tratar de hacer de una chica un digno habitante de Ciudad Cumbre. Mierda una y otra vez. No dije nada, me quedé serio escuchando como mi hermano ponía el grito en el cielo, esa chica tenía la facilidad de alterarlo en un santiamén y no sólo a él, sino a todos los que la rodeaban. Hatzive uno de los arroces negros del sartén. Esa chica era todo lo contrario a lo que la Ley dictaba ser, aún me sorprendía saber cómo no había parado en la cárcel o incluso en el hospital por su tendencia a ser “mala” ciudadana con sus actos de valor humanitario. Era valiente, había que admitirlo, ojalá algún día pudiera yo hacer algo parecido…

– Angelito – dijo Ilan antes de marcharse escaleras arriba.

– ¿Y bien? – Ese había sido mi padre.

Me limité a encogerme de hombros y seguir el mismo camino de Ilan.

Empaqué mis cosas en una pequeña maleta que tenía en el fondo de mi armario.

No sabía si ponerme contento por irme al menos un mes de esta casa o no, respiraría un poco sí, de eso estaba completamente seguro, pero Ilan se encargaría de joderme lo que mis padres no harían durante esos treinta días, diablos.

Salimos de la casa y mi hermano se dedicó a hurtar el auto del vecino, en verdad esto era el colmo. Me trepé sin rechistar y nos dedicamos a recorrer las calles de la ciudad. Compartimos algunas palabras, Ilan con sus groserías demostraba lo lindo que era conmigo y lo mucho que me quería… ¿y yo? Como siempre utilizando el doble sentido de mis palabras.

El ambiente del auto lo amenizaban las rolas del reproductor del hijo de puta que tenía a un lado, pero en realidad eran buenas, me gustaban.

Estaba ensimismado con la música y la letra de las canciones cuando recordé que yo no tenía ni la más remota idea de dónde vivía la “zorrita” que tanto le agradaba al rubio de a lado.

– ¿Sabes dónde vive? – pregunté.

Y como me lo sospechaba, Ilan no sabía dónde vivía la susodicha, genial. Hicimos una apuesta ya que él aseguraba que tras ese letrero de “bienvenidos” que colgaba en el buzón de una de las casas que estaban a nuestro alrededor era la de Hatzive.

Nos bajamos del coche y toqué el timbre. El muy bastardo de mi hermano había sugerido entrar a la fuerza pero me adelanté al acto. Después de un par de minutos la puerta se abrió y frente a nosotros teníamos a la maldad de Ciudad Cumbre hecho chica… sí, claro.

Hola, putilla, déjame entrar- dijo Ilan sonriendo sólo como él sabe hacerlo.

Ya, pendejo, habla como lo que mami quiere que nos convirtamos.

La chica habló y fijó su vista en mí por un momento, vi como la duda se reflejaba en su mirada, seguro había notado que yo no era precisamente un jodón de primera como mi querido hermano gilipollas. Tenía que redoblar mis barreras para que ella no terminara echándome por la borda.

La chica se rehusaba a dejarnos pasar e Ilan estaba muy entrado en su misión de encaminar a la mierda a la dulce y sarcástica chica castaña que teníamos frente a nosotros.

La verdad no pensaba quedarme parado ahí afuera esperando una dulce bienvenida de la condenada al infierno, así que sin más me metí a la casa y me dirigí a la sala. La chica se me quedó viendo aún más raro por mi atrevimiento y qué decir cuando Ilan se dedicó a seguir mi acto. De un instante a otro la puerta se cerró de un sonoro portazo.

– Claro, adelante – resopló la chica.

Me aventé a uno de los sillones y me dejé hundir entre los mullidos cojines. Mi vista vagó por toda la habitación, la casa no estaba nada mal. Tenía entendido que ella vivía sola porque hasta sus padres la habían hecho a un lado por su “anormalidad”, en serio que patético, pero a la vez que genial vivir sin que te estén ahogando tus padres con tanta presión a ser un estúpido más entre la multitud, aunque eso último para ella no se cumplía sino no estuviéramos aquí en nuestra labor comunitaria como buenos ciudadanos… ¡bah!

– Dame eso para acá – Ilan me quitó el control del televisor de las manos.


El aparato se encendió y la noticia de una señora recién metida a la cárcel acaparó la atención de los tres.

La señora en cuestión había decidido ayudar a un joven que estaba siendo golpeado en un cobarde acto de venganza. Aparte de sufrir varias contusiones por los golpes que también se le propinaron, terminó teniendo como hogar una celda en la cárcel.

No, en serio, esto iba de mal en peor.

– ¿Ves, zorrita? – exclamó Ilan apuntando la pantalla con el control remoto – Tu futuro puede estar junto a esa estúpida vieja que decidió encaminarse por el camino del mal.

– ¿Del mal? – preguntó la chica frunciendo el ceño.

– Sí, del mal. De hecho no nos vayamos tan lejos, tu anuncio de “Bienvenidos” ahí fuera puede llevarte a hacerle compañía a esa tipa.

– Mientras deciden en qué celda quedará asignada la anfitriona de la casa yo voy por algo de comer – me levanté del sillón y me dediqué a buscar la cocina.

Tenía que salir de ahí lo más pronto posible, ¿qué se supone que tenía que decir yo para continuar el sermón de Ilan? ¡Si a mí mismo me había molestado la noticia tanto como a Hatzive! Me parecía injusto y estúpido todo eso, pero por supuesto que no podía admitirlo frente a ellos. No podía dejar que notaran lo que me afectaba estar rodeado de tanta blasfemia, no podía dejar que vieran mis verdaderos pensamientos y sentimientos al respecto. Tenía que mantenerme callado reprimiendo, como siempre lo hacía, cada una de esas palabras que me gustaría decir y cada uno de los actos que haría si no fuera un Mortensen.