domingo, 24 de octubre de 2010

Capítulo 2 POV Adrik

CAPÍTULO 2


Aún no podía terminar de digerir mi suerte de mierda.
El día de ayer por más que intentaba buscar un tiempo a solas para pensar, relajarme o algo parecido, terminaba por toparme a mi odioso hermano y a Hatzive. Cuando fue hora de dormir me topé con la gran sorpresa que el señor Ilan dormía plácidamente en una de las recámaras y la chica en otra y yo… en una pequeña sala de estar que contaba con apenas un pequeño sillón que me sirvió de cama.
Y que decir del caos en que encontré mi pequeña maleta con ropa que había dejado en el coche. ¿Acaso mis calzoncillos eran prendas tan geniales que terminaron por llevárselos?
Hecho una furia me duché, me vestí y desayuné. Mi ánimo lejos estaba de estar mejor cuando tocaron a la puerta y un chico entró por ella como alma que lleva el diablo. El chico era alto, pasado de peso y muy, muy desagradable. Me valieron un par de golpes en el rostro para poder llegar a esa conclusión sin miramientos.
Era desagradable escucharlo decirme mariquita… me valía un bledo que le dijera así a Ilan pero a mí no; era desagradable verlo ir y venir comiendo como si se le fuera la vida en ello, ver que me dirigía miradas cargadas de burla y haciendo gestos cariñosos con el dedo corazón, y lo que era más desagradable aún… no contestarle y darle unos buenos puñetazos por cabrón.
Ese chico se estaba convirtiendo en un verdadero dolor de cabeza, perdí la cuenta de las veces que conté hasta diez para intentar calmarme. Me sobé las sienes esperando que por algún motivo mágico el imbécil aquel dejara de joder el alma. Ilan se veía en la misma situación que yo, era sorprendente como mi hermano se había contenido tanto, parecía que estaba a punto de explotar cuando el ángel del día apareció tras entrar por la puerta principal.

-Adrik, Ilan… no se preocupen, es mi primo Gorka…

Bien, había dicho que Hatzive era el ángel del día, pero creo que cambio de opinión ahora que sé que este bastardo con forma de balón era su primo.

- ¡Gorda! Te queda a la perfección, amigo – resoplé con desdén, al chico se le tiñó de carmín su regordeta cara.

- Es Gorka, imbécil – soltó escupiéndome migajas del pan que se estaba comiendo.

Me limpié la cara con la manga de mi suéter.

- Para mí eres Gorda, ¿entendido? – hizo amago de meterme otro puñetazo en el rostro cuando tomé parte de su pan y se lo metí a la boca – Ponte a tragar, tu estómago necesita mantenimiento.

El chico rugió y escupió el pan.

- ¡Gorka, basta! – dijo Hatzive con el ceño fruncido, se dirigió a mí – Y tú, Adrik, compórtate.

- Sólo aléjalo de mí, ¿quieres? Me ha atestado un par de golpes y me ha dejado traumado con su simple presencia sobrehumana.

- Imagínate como estoy yo soportándolos a ambos – Ilan por fin había hablado.

- Ustedes dos son unas mariquitas.

- Y tú una perfecta bola, cabrón – me levanté de ahí y me dirigí a la puerta – Sé que es tu casa, Hatzive, pero en verdad espero que cuando regrese, tu primo ya no esté aquí.

Sin más, me salí de la casa. Pude escuchar la voz de la chica y de mi hermano cuando cerré la puerta tras de mí. Me dispuse a caminar sin rumbo definido. Recorrí la calle residencial en la que estaba la casa de Hatzive, crucé la calle comercial, caminé varios bloques más hasta que divisé un enorme parque en medio de varias fábricas y dos calles muy transitadas.
Bonita ubicación para poner un área verde en donde por lo general juegan los niños. Bufando me dirigí a él. Mi cabeza me zumbaba y necesitaba relajarme.
Batallé horrores para poder cruzar la avenida y no está de más decir que no faltó el conductor que se quiso pasar de listo e intentó arrollarme con una descarada sonrisa en los labios. Una piedrita más al costal de mi humor de este día.
Cuando por fin caminaba por el parque, divisé a lo lejos una solitaria banca debajo de un par de frondosos árboles.

- Perfecto – suspiré con cansancio.

Me acerqué a la banca y me senté. Eché mi cabeza hacia atrás a la vez que cerraba los ojos. Sentía como mi cabello ondeaba con el ligero viento que soplaba esta mañana. Dejé escapar un par de suspiros para relajarme y dedicarme a escuchar el movimiento de las hojas, el ruido de los coches…

- ¡Oye, eso es mío!

Levanté la cabeza y abrí los ojos de inmediato cuando escuché la voz de la niña. Enfoqué mi vista hacia el lugar de donde creía haber escuchado a la pequeña y ahí estaba. Una chiquilla que no debería de pasar los 6 años estaba forcejeando con tres niños más altos y grandes que ella.

-¡Dámela!

La niña brincaba para poder quitarle de las manos una pequeña y colorida muñeca al más grandulón de esa pandilla de abusones.

- ¡Cállate, bastarda, ahora me pertenece a mí! – ladró el niño grandulón, que supuse que sería la cabecilla del grupito.

La niña seguía brincando, intentando coger a su muñeca, rozar su vestidito rosado con sus dedos… pero el niño tomó el juguete con ambas manos y le torció la cabeza hasta arrancársela.

-¡NO! – la niña cayó de rodillas sobre el verde pasto y se puso a llorar sobre el cuerpecito de su muñequita, que el muy idiota del niño había tirado a su pies – Señorita Harris…

Sentí un tirón en el estómago al ver tan conmovedora escena. Pero me llené de rabia al ver como los tres niños entre risotadas le daban de patadas a la chiquilla.

- Toma esto, bastarda – gruñía lleno de excitación el grandulón.

Los otros dos le seguían la corriente y le atestaban de patadas una y otra vez. La niña entre sollozos se hacía ovillo en el suelo protegiéndose su pequeña cabeza con sus brazos.
Busqué desesperado con la mirada a la madre de la chiquilla pero lo único que encontré fue tres señoras platicando de lo más animadas mientras veían la atrocidad que se estaba llevando a cabo en medio del parque.
Me levanté de un tirón de la banca y me dedicaba a caminar hacia donde la pequeña estaba siendo golpeada cuando escuché que alguien me hablaba.

- Déjala, que se defienda sola – una de las señoras que había visto instantes atrás se me había acercado – Eso le pasa por idiota.

La miré estupefacto. La mujer compartía el mismo cabello pelirrojo que la pequeña, las mismas facciones… esa mujer era la madre de la chiquilla y ella tranquila disfrutando del panorama porque consideraba a su hija una idiota.

- Pero…

- Pero nada, ocúpate de tus propios asuntos, jovencito.

Me le quedé viendo un instante más antes de desviar mi vista hacia donde yacía la niña hecha un ovillo sobre el pasto. Los niños habían dejado de golpearla pero seguían postrados a su alrededor. Pude observar como los bracitos de la chiquilla estaban oscurecidos de tantos golpes, como su boca sangraba a borbotones, como toda su carita estaba llena de cortes y de tierra, su cabello revuelto como una llamarada que lamía ligeramente el verde pasto a su alrededor…
Tragué duro al no poderme mover de donde estaba parado.

- Por cierto, Señorita Harris quiere hacerte compañía – el hijo de puta le aventó con la cabeza de la muñeca a la niña y acto seguido le escupió.

Los otros chicos lo imitaron y después de escupirle se fueron de ahí muy campantes hacia los columpios del otro lado del parque.
La niña yacía inmóvil sobre el suelo, sino fuera porque se escuchaban sus débiles gemidos de dolor hubiera pensado que había muerto.
La señora que me había detenido se dirigió a su hija y la jaló del cabello hasta ponerla de pie.

- ¡Espero que estés contenta al avergonzarme de esta manera, Marian!

- Mami… - dijo entre sollozos la niña.

Gruesas lágrimas caían de los hermosos ojos azules de la niña llevándose consigo la suciedad y la sangre que se cruzaban en sus caminos. Las piernitas de la pequeña apenas la sostenían, pero la mujer seguía tirándole del cabello muy enfurecida. Le siguió diciendo de cosas terribles y la pequeña se disculpaba una y otra vez entre sollozos.
Me sentía impotente al no poder hacer nada por la chiquilla, por no haber ido a darles su merecido a los bastardos que la golpearon, por no ir en ese momento a quitársela de entre las manos a esa estúpida mujer para poder llevarla a un hospital y le atendieran sus heridas, por no haber…

¡PUM!

Un ruido sordo interrumpió mi reprimenda mental. El ruido había sido provocado por la mano de la mujer al estrellarse contra la magullada mejilla de su hija.
Estaba atónito, ensimismado, sorprendido… tanto que, cuando la señora pasó por mi lado con el pequeño cuerpo de su hija tan inanimado como el de Señorita Harris, no me había dado cuenta que yo había empezado a llorar.
Era como si el mundo hubiera dejado de girar en ese momento. Como si todo a mi alrededor se hubiera detenido en ese instante.
Me dejé caer pesadamente sobre el pasto con la mirada fija hacia enfrente. La imagen de la pequeña Marian pasaba ante mis ojos una vez tras otra mientras las lágrimas bajaban lentamente por mis mejillas.
Era la segunda vez que presenciaba actos tan terribles. Me había prometido a mi mismo que no volvería a dejar que sucediera algo similar otra vez y heme aquí, sentado en el suelo, tirando del pasto furiosamente con mis manos, llorando de rabia y de impotencia.

-Adrik, eres un maldito cobarde – me maldije en voz baja a la vez que golpeaba el suelo con ambos puños.

Ahora mismo me preguntaba… ¿Quién es más cruel y despiadado… el que cometía el acto atroz o aquel que lo presenciaba y no hacía nada para detenerlo?

Mi respuesta es que ambos son igual de malditos.

2 comentarios:

  1. ...
    No puedo expresar lo impactante que fue este capítulo. En realidad no sabia si odiar mas a los niños o a la mama por ese comportamiento.
    Muy buen capitulo y la pregunta final trae una reflexion muy buena.

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  2. mi primer coment...!! waaaiiii...!! gracias por él, parabatai...!

    me pone contenta que te haya parecido bueno :D

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